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MEJORA TU VIDA SI TRABAJAS EN CASA


Pensamos en quienes se dedican al cuidado de su familia, de su casa, de los enfermos, etc. por decisión propia o porque “les ha tocado”. También cada vez son más las personas que trabajan desde su casa utilizando los avances tecnológicos. Entrarían, además, los que han perdido su trabajo y están buscando otro. Su vida es muy diferente a la de quienes tienen que salir todas las mañanas a una hora determinada y desplazarse. No es un trabajo reconocido (en ninguno de los casos) y, normalmente, tienen que enfrentarse a las críticas y “desprecio” de quienes no conocen la actividad que realmente despliegan.
Pasan mucho tiempo en casa, por lo que tienen acceso a todas las tentaciones que en ella se encuentran (en la nevera y la despensa especialmente). No suelen practicar ejercicio porque no se encuentran motivados para hacerlo. Buscan excusas de cualquier tipo para no salir a la calle, por lo que van perdiendo el contacto con los demás y pueden desarrollar síntomas depresivos y trastornos físicos.
Sus hábitos no son saludables y cometen errores como: desayuno escaso, picoteo constante, no practican ejercicio, se evaden con la televisión, se aíslan socialmente, buscan la satisfacción en la comida, no tienen capacidad para manejar las relaciones sociales, etc. La soledad y la sensación de ser “raros” por no adaptarse a los esquemas actuales les va haciendo más y más introvertidos, llegando a aislarlos excesivamente.
De manera general, sería recomendable:
-Hacer cinco comidas diarias, dejando que transcurran tres horas entre ellas y no picar entre horas, pues resulta perjudicial para la salud e impide seguir una dieta saludable y adaptada.
-Realizar un desayuno y una comida completos. Así se reducirá la “necesidad” de comer en cualquier momento porque se sentirán “satisfechos”. Al mediodía se recomienda incluir hidratos de carbono (pasta, arroz, legumbres), ensalada, verdura, etc. porque mejoran el estado de ánimo.
-Evitar los azúcares rápidos y refinados, el tabaco, la sal y el alcohol. Se consumen de manera excesiva, incluso compulsiva, cuando uno se siente desanimado. Resultan malos para la salud, no te hacen sentir mejor ni resuelven ninguno de tus problemas.
-Ajustar los horarios de las comidas para evitar picos de insulina que aumentan el peso corporal. Mantener un horario realista y cumplirlo te ayudará a controlar lo que comes y que el día resulte “normal” y sea necesario seguir ciertas rutinas para mantener el ánimo en positivo.
-Cambiar hábitos de vida. Relacionarse con los demás, realizar actividades lúdicas, etc. es fundamental para cuidar mente y cuerpo. Encerrarse en uno mismo provoca alteraciones de conducta que pueden desencadenar problemas psicológicos.
-Planificar actividad física diaria. Y cumplir: debes ser realista, con objetivos sencillos y asequibles. Acudir al gimnasio es una buena opción para socializarse, conocer personas nuevas y hacer ejercicio de manera habitual.
 Los expertos recomiendan:
-Planificar una dieta adecuada acudiendo a un especialista. Reducir el peso mejorará imagen y autoestima, lo que optimizará el estado de ánimo.
-Hacer ejercicio para evitar la descalcificación ósea que se produce con mayor facilidad en las personas sedentarias. Mejora el tono muscular, la flacidez y el aspecto general de la piel. Se sentirá más ágil y con menor ansiedad.
-Mejorar el aspecto físico. Una buena alimentación reducirá problemas estéticos como la celulitis o la retención de líquidos. Verse bien ayuda a sentirse mejor y disfrutar de la situación que se vive.
-Conectar con sus emociones y solicitar ayuda médica si es necesario. Mejorará su capacidad de relacionarse y disfrutar de los demás.
-Salir de casa y no encerrarse. Aumentará su confianza y seguridad personal, por lo que cambiará su percepción de lo que le rodea.

ALERGIAS A FÁRMACOS


La alergia a medicamentos se ha convertido en un motivo de consulta cada vez más frecuente según los datos proporcionados por la Sociedad Española de Alergología. Se calcula que entre un 15 y un 25% de la población puede sufrir alguna reacción a la medicación que utiliza de manera habitual. Se produce especialmente con: los analgésicos, los antiinflamatorios, ciertos antibióticos (betalactámicos, penicilinas y derivados, etc.), las vitaminas del grupo B o los antiepilépticos, aunque no son los únicos que la pueden causar. Mantente alerta y acude al médico en cuanto percibas cualquier síntoma anómalo.
Normalmente, no suele producirse la reacción alérgica en la primera dosis administrada, sino que al seguir tomándolo según la pauta proporcionada por el médico, se puede ir aumentando la sensibilización hasta que llega un momento en que la siguiente toma provoca la reacción. En este momento, ya no se debe volver a consumir.
Los síntomas más frecuentes —que pueden presentarse tras unos minutos o al cabo de horas— son:
-Urticaria, enrojecimiento, prurito, etc. a nivel de la piel.
-Estornudos, congestión nasal, etc.
-Dolor generalizado, siendo frecuente el de cabeza y articulaciones.
-Fiebre.
-Vómitos y diarreas a nivel digestivo.
-Anafilaxia. Es una reacción grave que suele iniciarse unos treinta minutos después de la ingesta del fármaco y se presenta con un cuadro amplio de síntomas (picor, urticaria, hipotensión, mareo, pérdida de consciencia, etc.) que deben ser tratados de inmediato.
Los expertos insisten en la necesidad de evitar la automedicación y seguir los tratamientos pautados por el médico. La indicación es eliminar inmediatamente el fármaco causante los síntomas y consultar a tu médico de manera inmediata para que estime la importancia de la reacción y modifique el tratamiento en el sentido oportuno.
Si sufres cualquier tipo de reacción alérgica, debes acudir a urgencias y al alergólogo para que realice los análisis adecuados en orden a localizar exactamente la sustancia que la ha provocado. Suelen realizarse pruebas cutáneas, pero pueden dar falsos negativos o falsos positivos. También se utiliza la técnica TAB de activación de basófilos (en la que se identifica la inmunoglobulina E, responsable de las reacciones alérgicas) a la vez que las cutáneas. Otra opción es realizar pruebas de tolerancia ingresando al paciente en el hospital y observando cómo va reaccionando a las diferentes sustancias.
La dificultad adicional en este campo se centra en la inexistencia de un tratamiento específico para situaciones de reacciones alérgicas. Lo habitual es excluir el fármaco causante (y sus relacionados) eligiendo alternativas más seguras para quien ha sufrido una reacción de hipersensibilidad. Estas medidas sólo pueden ser tomadas por el médico que ha pautado el tratamiento y conoce el historial clínico del paciente y sus características específicas.
Además, se han implementado tratamientos de desensibilización utilizando dosis iniciales muy bajas e incrementándolas de manera paulatina hasta alcanzar la terapéutica. En función de la reacción observada y sus efectos sistémicos, podría realizarse en un medio hospitalario que favorezca el cuidado del paciente y evite situaciones comprometidas. Se utilizan, normalmente, en tratamientos oncológicos, antituberculosos, VIH, problemas cardíacos, patologías vasculares, diabéticos, etc.
La prevención es fundamental y se lleva a cabo evitando la combinación de fármacos que puedan causar la reacción alérgica. Normalmente se prescriben los medicamentos más habituales o que ya han sido utilizados por el paciente en ocasiones anteriores intentando evitar reacciones cruzadas. Es fundamental informar al médico de todo lo que se está tomando, aunque sean compuestos “naturales” que puedan parecer inocuos pero que pueden producir interacciones con los tratamientos tradicionales.
Quizás ahora nos resulte más fácil comprender el por qué de esa pregunta que se ha convertido en algo habitual en las consultas médicas: “¿Tiene alergia a algún fármaco?”. Es muy importante porque permitirá al médico recetar el tratamiento más adecuado y con menores efectos secundarios.
 

MEDICAMENTOS Y ALCOHOL...UNA COMBINACIÓN PELIGROSA


 


En general no consideramos al alcohol como una droga peligrosa y no se le da importancia a su relación con la administración de medicamentos, la conducción de vehículos y las capacidades del conductor que se ven afectadas con ello. Esta actitud preocupa a los profesionales sanitarios que intentan demostrarnos la necesidad de conducir con todas nuestras capacidades al cien por cien y sin gota de alcohol en el organismo, estés o no sometido a algún tratamiento farmacológico.
Beber alcohol, aunque sea en baja proporción, causa una depresión del sistema nervioso, lo que provoca una reducción de los reflejos y la atención del conductor. Las campañas organizadas por el gobierno hacen hincapié en el control de alcoholemia como mecanismo para reducir los accidentes de tráfico. Y los conductores se sorprenden cuando realizan la prueba y, aunque dicen: “sólo he bebido una cerveza”, el resultado es positivo, superan la tasa de alcohol permitida.
Olvídate de todos esos “trucos” inútiles para “engañar” al aparato. Comer chicle de menta, tomar aceite antes de beber alcohol, comer pan con mantequilla, beber agua, etc. no impiden que el aparato detecte la cantidad de alcohol ingerida y, lo que es peor, la realidad es que has bebido y no estás en condiciones para conducir. Tú también lo sabes aunque el alcohol te haga sentir “que estás perfectamente y puedes hacerlo”.
A ello se une que los efectos de algunos medicamentos como los sedantes se prolongan durante muchas horas y se potencian peligrosamente con el consumo de alcohol. Se ha comprobado que la combinación de ambas sustancias genera una sensación muy relajante, que no es la más indicada para realizar actividades que requieren una atención completa como la conducción.
Los más perjudiciales y que son ampliamente utilizados (incluso sin receta médica) son: ansiolíticos, antidepresivos, antihistamínicos, hipnóticos, analgésicos opiáceos, colirios y pomadas oftálmicas. La utilización de los dos primeros ha aumentado en estos últimos años y las estadísticas señalan que uno de cada tres adultos está o ha estado tomándolos en los últimos seis meses.
Los principales efectos secundarios causados por estos fármacos son: sedación (que causa somnolencia y disminución del estado de alerta), alteraciones oculares que reducen la precisión al conducir (visión borrosa, trastornos de la acomodación, ojo seco, etc.), alteraciones auditivas (zumbidos, sensaciones extrañas, etc.), vértigos y temblores. Cualquiera de ellos afecta directamente a tu capacidad de concentración e impide una circulación segura para ti y los demás. No te arriesgues a conducir en esas condiciones, no merece la pena.
Comprueba si el medicamento que estás tomando tiene alguna consecuencia sobre tu capacidad para conducir o manejar máquinas peligrosas. Está indicado en el prospecto que acompaña al propio medicamento y en su embalaje externo en el que aparece un símbolo específico. Léelo.
Además, si consumes alcohol habitualmente e inicias un tratamiento farmacológico, debes consultar al médico o farmacéutico sobre la posible interacción entre ambos y evitar el consumo de alcohol si existe este problema. La reacción del organismo es más significativa los primeros días de tratamiento y se va reduciendo a medida que el tiempo pasa y el cuerpo se “adapta”. Un ejemplo claro son los antidepresivos y está demostrado que no se debería conducir al inicio del tratamiento, si hay que modificar la dosis ni en el momento en que se suspende.
El consumo de alcohol disminuye la capacidad de conducción ya que afecta a nuestra atención al volante, velocidad de reacción y reflejos, además de que potencia el efecto de algunos medicamentos de uso habitual. Es necesario comprobar si el medicamento que estás tomando puede tener consecuencias sobre tu capacidad de conducción. Consulta a tu médico y/o farmacéutico.

 

 

PELIGROSA AUTOMEDICACIÓN


Siempre aparece alguna persona que en cualquier entorno (familiar, laboral, etc.) se dedica a “recetar” lo más conveniente: si toses, codeína; si te duele la cabeza, aspirina; si tienes tensión alta, no tomes sal; para la retención de líquido, un diurético; etc. Lo hacen de buena fe, pero no es aconsejable seguir sus recomendaciones “médicas”, pues realmente carecen de conocimientos sanitarios.
La Organización Mundial de la Salud indica que si uno padece una enfermedad banal, puede resolverla fácilmente sin necesidad de acudir al médico (saturando las consultas). Se refiere a quienes están aquejados, por ejemplo, de un dolor de cabeza crónico ya estudiado por el especialista y que han comprobado que tomando paracetamol pautado y desde el inicio del proceso, lo mitiga y evita que aumente y se prolongue en el tiempo.
Los medicamentos bien utilizados mejoran nuestra calidad de vida, reducen contagios, evitan bajas laborales, conservan la salud, etc. El problema, sin embargo, radica en el abuso y en su inadecuada utilización (por ejemplo, tomar antibióticos innecesariamente para tratar un catarro), que provocan efectos negativos sobre el paciente y la sociedad general.
En España se abusa mucho de la toma de fármacos, llegando a existir en todos los hogares un botiquín familiar al que acudimos cuando creemos necesitarlo. A ello se une la venta de muchos medicamentos sin receta que, si no se siguen las pautas adecuadas, resultan nocivos para el paciente. El farmacéutico nos indicará la manera adecuada de consumirlos; debemos seguir sus consejos y leer el prospecto preparado por el laboratorio para eliminar dudas.
Los efectos negativos de la automedicación son muy numerosos y presentan una gran variabilidad personal. Por su gravedad, cabe destacar:
-      reacciones alérgicas al consumirlos por vez primera. Incluyen desde una incómoda urticaria hasta problemas de asfixia por cierre de la glotis
-      efectos secundarios de los propios fármacos, predecibles pero que precisan tratamiento inmediato
-      interacciones con otras sustancias (otros fármacos, alimentos, bebidas, etc.) que potencian o inhiben su mecanismo de acción, resultando totalmente ineficaces para tratar la patología
-      incompatibilidades con compuestos incluso de los considerados “naturales”, de venta libre en herboristerías
-      dosificación inadecuada para eliminar la sintomatología a tratar. El ejemplo más claro es la toma de antibióticos, cuyo horario debe ser respetado para que la efectividad sea máxima
-      conservación del principio activo fuera del ámbito recomendable (algunos deben estar en la nevera; otros no pueden someterse a la acción de la luz, etc.)
Para evitar la automedicación y sus perniciosos efectos hay varias posibilidades:
-      mejorar la educación sanitaria, asignatura pendiente en nuestra sociedad. Si desde pequeños aprendemos lo que son los medicamentos y su utilidad, crearemos individuos conscientes y responsables
-      facilitar el acceso al médico e incrementar el tiempo que pasamos con él. Las consultas están saturadas, pero los profesionales sanitarios reconocen la necesidad de mejorar y aumentar la atención personalizada
-      favorecer las relaciones entre profesionales sanitarios para evitar problemas como un mal entendido “intrusismo”. La colaboración entre médico y farmacéutico mejorará la atención sanitaria del enfermo ayudándole a cumplir los tratamientos pautados y a comprender la necesidad de su aplicación
Racionalizar el consumo de medicamentos y reducir los elevados e intolerables costes para la sanidad pública serían conclusiones de la erradicación de la automedicación. El medio ambiente también lo agradecería, pues los laboratorios comercializan envases que no se adaptan a la duración del tratamiento y el exceso ha de ser eliminado de manera ecológica (puntos SIGRE de las farmacias).

TUS "HUESOS" NECESITAN CUIDADOS


Para mantener sano tu esqueleto y que pueda realizar las funciones que le corresponden, debes cuidarlo bien, evitando los factores que lo perjudican y propiciando aquéllos que puedan beneficiarlo. El cuidado debe realizarse desde el inicio de nuestra vida, pero se hace imprescindible en ciertas etapas (como la menopausia) en la que nuestro organismo está sufriendo cambios que lo desequilibran y modifican la absorción de nutrientes esenciales para su buen funcionamiento.
Cualquier duda que se te plantee consúltala a tu médico, aunque aquí apuntamos unos consejos generales:
-Toma alimentos ricos en calcio, pues si el organismo lo necesita lo obtendrá de tus huesos, descalcificándote paulatinamente.
- No olvides la vitamina D, imprescindible para la fijación del calcio que ingerimos con la dieta. Media hora de paseo diario puede ayudarte a mantener niveles adecuados de esta vitamina.
-Controla la cafeína, la sal, las proteínas y el fósforo que ingieres, pues reducen la absorción de calcio y aumentan su excreción.
-Reduce el consumo de alcohol, ya que inhibe enzimas hepáticas relacionadas con la síntesis de vitamina D.
-No hagas dietas salvajes que te desmineralizan y desequilibran tu organismo. Mucho cuidado con las dietas con grasas abundantes y azúcares por su efecto excretor del calcio.
-No comas fibra en exceso.
-No fumes.
-Haz ejercicio habitualmente; seguro que encuentras el momento, ya que cualquiera es bueno; debes moverte y evitar el sedentarismo. Bajar y subir escaleras en lugar de usar el ascensor, ir caminando al trabajo, correr media hora, pueden ser opciones sencillas y que no te roben tiempo.
-Descansa adecuadamente; es fundamental. Puedes reducir el estrés utilizando técnicas de relajación.
-No te automediques; los medicamentos siempre bajo prescripción médica. Si padeces alguna enfermedad relacionada con la absorción de calcio (colitis, alergias, insuficiencia renal, etc.) debes seguir las pautas de tu médico.
Está claro que, además de la incidencia de otros factores, existen nutrientes imprescindibles para prevenir y mejorar la salud de tus huesos. Forman parte de alimentos habituales recomendando un control especial a quienes padecen ciertas intolerancias alimentarias (al gluten, a la lactosa, al glutamato, a los frutos secos, etc.) y deben eliminar alguno. Para todos es recomendable acudir a un especialista, pero para quienes padecen alguna alergia es fundamental consultar cualquier duda y equilibrar el aporte nutricional.

 

ELLOS TAMBIÉN LO PASAN MAL


Notan que se cansan, que no tienen ganas de hacer nada, que pierden la ilusión, que su tensión arterial se dispara….y que no encuentran solución porque cada vez van peor. Deben consultar a su médico y seguir sus pautas porque los especialistas han llegado a la conclusión de que un 30% de los hombres mayores de 40 años sufre lo que han llamado “déficit de testosterona”. El nivel de esta hormona masculina fundamental, desciende paulatinamente hasta niveles por debajo de lo que se considera normal y genera “desarreglos” similares a los que sufre la mujer cuando bajan los estrógenos.
No es un problema actual. Está documentado que, desde tiempos ancestrales, se reconoce la existencia de un periodo en el que los hombres alcanzan una edad crítica en la que pierden el deseo sexual y comienzan un declive que les lleva a la ancianidad. Fue a principios del siglo XX cuando se empezó a considerar real esta situación (a la que se denomina coloquialmente menopausia masculina) caracterizada por diferentes alteraciones y que se trataba con métodos tradicionales.
Esta reducción hormonal no pasa desapercibida para quien la padece aunque los síntomas no son siempre reconocibles, pues se achacan a otros problemas. Suele cursar con anemia, sofocos, osteoporosis, acúmulo de grasa abdominal, falta de apetito sexual y mal humor. Se cree que se debe a la reducción de los niveles de testosterona por un mecanismo similar al que se produce en las mujeres con las hormonas femeninas al llegar a la menopausia.
La testosterona es una hormona clave para el hombre, su nivel está controlado por el hipotálamo situado en el cerebro y se produce en células especializadas situadas en los testículos. Su actividad es fundamental a nivel óseo (aumenta la densidad del hueso), muscular (reduce la grasa y aumenta la masa muscular), genital (desarrollo sexual y mantenimiento de la líbido), cerebral (memoria), visual, etc.
El diagnóstico debe ser realizado por el médico. Acude a su consulta y coméntale lo que te pasa para que pueda tomar las decisiones oportunas y sigue sus pautas. Como opción se está recetando testosterona para mejorar los síntomas, pero no debes automedicarte en ningún caso. Existen varias opciones en el mercado internacional: gel, parche transdérmico, pastilla, parche bucal o inyección trimestral. También se han comercializado compuestos “naturales” que se consideran masculinizantes y que no deben ser consumidos sin control ni comprarlos fuera de los cauces sanitarios establecidos.
Cuidado con el consumo descontrolado de testosterona en cualquiera de sus presentaciones, porque en exceso produce problemas como infartos, hipertensión, edemas, ictus y cáncer de próstata.
La recomendación sería:
-Reducir el estrés porque genera cortisol, hormona cuya actividad reduce el nivel de testosterona.
-Comer adecuadamente porque los ácidos grasos omega 3 incrementan los niveles de hormona masculina.
-Dormir, porque el descanso nocturno favorece la formación de testosterona.
-Eliminar la grasa abdominal, pues produce estrógenos que causan una reducción de hormona masculina. Realizar ejercicios específicos para reducir abdomen es muy importante para aumentar el nivel de testosterona.
Lo peor es que esta etapa suele coincidir en los dos miembros de la pareja, lo que causa muchas fricciones y problemas de relación. Pensad que ambos estáis en un “mal momento” y que lo mejor es tomarlo con paciencia y ayudaros uno a otro. Mucho ánimo y tranquilidad porque pasará…

 

QUIERO DEJAR DE FUMAR

Muy buena idea. Si lo dices convencido es que ha llegado tu momento y debes aprovecharlo porque lo más importante es la motivación. El deseo de abandonar ese hábito te impulsará a conseguirlo y, aunque lo has intentado muchas veces y has recaído, puedes lograrlo. Solo tienes que creer en tus posibilidades y elegir el método que se adapte a ti.
Ya sabes que fumar es un hábito nocivo (pues las campañas organizadas por los especialistas así nos lo indican) y que genera grandes problemas a nuestro organismo. La OMS considera que el tabaquismo es “una enfermedad crónica capaz de provocar diferentes tipos de cáncer (pulmón, riñón, vejiga, faringe, laringe, boca, etc.), varias enfermedades respiratorias, accidentes cerebrovasculares, dolencias cardíacas y algunos trastornos digestivos”.
Cada uno tiene un motivo para fumar (me relaja, me adelgaza, me gusta, no puedo evitarlo, me hace más sociable, me ayuda a conocer gente, etc.) y para dejarlo (mis hijos, mis padres, mi salud, etc.)
Los expertos indican que fumas porque necesitas la nicotina y la respuesta que ésta genera en tu organismo, ya que es un alcaloide muy adictivo que en bajas concentraciones actúa como estimulante a nivel cerebral (aunque a dosis elevadas sea un veneno). Y te sientes fatal, no solo por lo que fumas tú sino porque molestas a quienes te rodean.
Aunque dejarlo no es fácil, si lo haces te sentirás libre. Acude a tu médico de familia y consulta todas las opciones que existen. Él te dirá lo que más te conviene y te derivará a las unidades que considere oportunas. Dejarlo solo es difícil.
En la página de la Asociación contra el Cáncer se proponen consejos, por lo que te recomendamos que la leas o acudas a una de sus oficinas. Lo mejor es combinar varias terapias: la predisposición psicológica (querer dejarlo) junto al uso de determinados fármacos que imitan a la molécula de nicotina (bupropión, vareniclina) o contienen dosis controladas de nicotina (parches, pastillas, etc.).
En la AECC existen opciones gratuitas para dejar de fumar que están controladas por expertos en la materia. En su página www.aecc.es puedes encontrar información muy útil y contrastada.
Los mecanismos de ayuda son variados:
-Nutrición,  el consumo de algunos alimentos provoca que el tabaco sepa peor, por lo que no apetece fumar. Esto ocurre con los lácteos, el  agua, los zumos de frutas y los vegetales, por lo que se recomienda utilizarlos para abandonar la nicotina.  En el lado opuesto se encuentran el alcohol y la cafeína, que realzan el sabor de la nicotina y dan más ganas de fumar. Debes evitarlos cuando estés en esa primera fase de abandono.
-Dietética, en el sentido de evitar engordar, acudiendo a un especialista en dietética para que elabore tu dieta personalizada. Normalmente se aumentan unos cinco quilos debido a la sustitución de nicotina por comida (azucares y grasas) y a que deja de producirse el efecto termogénico de la nicotina en nuestro organismo. Se recomienda equilibrar la dieta, no recurrir a los “alimentos recompensa”, hacer deporte, beber agua e infusiones y reducir las raciones.
-La fitoterapia plantea varias posibilidades para ayudarte a ser exfumador: para la ansiedad inicial (pasiflora, valeriana, espino blanco), para eliminar toxinas y depurar (boldo, alcachofa, cardo mariano), para reducir la oxidación e inflamación (cúrcuma, sauce, grosellero negro) y para recuperar las vías respiratorias (tomillo, eucalipto, drosera, malva). Lo ideal sería combinar una de cada grupo para atacar por todos los frentes.
Anímate y busca tu opción. Consulta a tu farmacéutico, siempre cercano y accesible. Seguro que lo consigues. Hace falta mucho empeño y fuerza de voluntad, pero si has decidido dar el paso te sentirás mejor y lograrás tu objetivo. En cuanto percibas cómo mejora tu salud en poco tiempo, te darás cuenta de que ha merecido la pena.

NO DEJES TU TRATAMIENTO

En cualquier situación, debes mantener las pautas recomendadas por tu médico. Si estás siguiendo algún tratamiento, debes continuarlo, pues es imprescindible para que tu salud se mantenga y no se produzca ninguna recaída. Es fácil de comprender pero nos mostramos reacios a seguirlo cuando nuestro ritmo de vida cambia.
La adherencia al tratamiento es un problema real, pues no seguirlo es una de las razones por las que no resulta eficaz, incluso puede generar efectos adversos si se hace un uso inadecuado como ocurre con las resistencias bacterianas causadas por el mal cumplimiento del tratamiento antibiótico.
Entre un 20 y un 50 por ciento de los pacientes no toman correctamente la medicación: se olvidan de una toma, ya están bien y lo dejan o les sienta mal y no sirve para nada… lo que provoca el abandono y el empeoramiento de la enfermedad tratada. Los enfermos crónicos creen que tomar fármacos toda su vida es muy incómodo y que no lo necesitan y, aunque dejar de tomarlo supone un riesgo, no lo piensan.
Las causas de abandono son:
-Las reacciones adversas. Cuando el medicamento genera sensaciones inesperadas (cansancio, mareos, nerviosismo, etc.), el paciente deja el tratamiento porque “así se siente mejor”.
-Desconfianza. Muchos no creen lo que el médico dice y consideran que lo que les receta “no sirve para nada”. Es un error gigantesco porque es el profesional que mejor sabe lo que te conviene y, si no funciona, te lo cambia.
-Automedicación. Creer que lo que han tomado en otras ocasiones es lo que mejor les funciona hace que caigan en este error.
-Pautas complicadas. Hay tratamientos en los que las dosis varían a lo largo del día, hay descansos en la semana, etc. y se lleva mal. Otro problema es el uso de aparatos especiales como las jeringas de insulina o los inhaladores del asma. Poco a poco aprenderás.
-Polimedicación. Quienes tienen que tomar varios fármacos, suelen olvidarse de alguno o pensar que son excesivos y reducir su consumo.
-Desconocer la eficacia del tratamiento. Piensan que no sirve para nada y que no saben lo que están tomando.
-Problemas mentales. Son pacientes que no comprenden que es imprescindible seguir el tratamiento para recuperar la salud. Mezclan pastillas, olvidan las tomas, reducen la dosis…y así resulta imposible controlarles.
-Desconocer la enfermedad que padece. Les provoca mucha inseguridad y renuncian al tratamiento porque consideran que no lo necesitan.
Para mejorar la adherencia al tratamiento sería importante explicar a los enfermos lo que tienen y para qué sirve lo que les recetan. Médicos y farmacéuticos lo hacen, pero los pacientes suelen escudarse en que no es tan grave y que no les hace falta lo que les han recomendado.
Cuando se les olvida la toma, se equivocan alternando mal los fármacos, repiten la dosis porque han olvidado la anterior o la confunden con otra, etc. sería recomendable:
-Programar alarmas que avisen del momento en que deben tomarlo.
-Ayudar a los dependientes. Los familiares o cuidadores deberían acudir al médico con el enfermo para conocer el tratamiento.
-Resolver todas las dudas que se le planteen preguntando al médico o al farmacéutico.
-Usar pastilleros para llevar los fármacos a todas partes.
-Establecer un calendario con el horario y la dosis.
-Ordenar los medicamentos en función de la hora del día que debe ser consumido.

Acude a tu farmacéutico. Está perfectamente capacitado para responder a tus dudas y resulta muy asequible porque lo encuentras en la farmacia. No temas y consúltale todo lo que no comprendas. Seguro que te dará una respuesta acertada.

 

¿CON LECHE O CON AGUA?

Cuando nos prescriben un tratamiento farmacológico se nos plantean dudas acerca de si se debe ingerir en ayunas, con agua, con leche, durante la comida, etc. El seguimiento de estas pautas es fundamental porque, aunque resulte difícil de entender, los alimentos reaccionan con los medicamentos haciéndolos ineficaces para tratar la patología, potenciando o disminuyendo sus efectos adversos e, incluso, aumentando su capacidad terapéutica. Sería aconsejable:
-      Leer el prospecto donde se indican –a veces incluso excesivamente- las interacciones, contraindicaciones, etc. Es fundamental seguir las normas.
-      Si debe ser tomado fuera de las comidas debemos hacerlo entre 30 minutos y una hora antes o dos horas después de ellas. Así evitamos la mezcla del fármaco con los alimentos durante el proceso digestivo.
-      Cuando dice que no se mezcle con leche se debe a que ésta disminuye su absorción y distribución reduciendo sus efectos.
-      Para los intolerantes a la lactosa que consumen soja habitualmente no se puede mezclar con ibuprofeno, porque aumentarían sus efectos adversos a nivel digestivo. Otros alimentos ricos en flavonoides son el té verde o negro, el brócoli, el vino o la fruta sin pelar que incrementan la actividad de la vitamina C y deben ser consumidos con cuidado en pacientes tratados con ésta.
-      Si debe tomarse con las comidas es porque así se minimizan sus efectos perjudiciales a nivel digestivo.
-      Ciertos alimentos “funcionales” inciden en la absorción y distribución del principio activo en el organismo. Así la inulina y la oligofructosa de plátanos, cebollas, ajos, puerros, etc.  favorecen la absorción intestinal de calcio, por lo que las personas tratadas con este mineral para reducir su osteoporosis no deben consumirlos en exceso.
-      Los alimentos ricos en fitoesteroles (cuya función es bloquear la absorción de colesterol a nivel intestinal) consumidos en exceso reducen la absorción de sustancias fundamentales para el organismo (como ciertas vitaminas liposolubles o minerales para el equilibrio orgánico).
©Carmen Reija López
Farmacéutica Colegida

BOTIQUÍN DE CASA

Resulta muy útil disponer de un pequeño botiquín con el que hacer frente a las leves contrariedades que se puedan presentar en nuestra casa. Su uso debe quedar circunscrito únicamente a episodios en los que se reconozca con claridad que no es preceptiva la intervención de un sanitario, aunque siempre es mejor consultar.
Su configuración exterior no es relevante: puede tratarse de una sencilla caja de cómodo manejo ubicada preferentemente en una zona oscura del dormitorio principal (por ejemplo dentro de un armario) y siempre lejos del alcance de los niños. Resulta inadecuado situarlo en el baño o en la cocina, puesto que las variaciones de calor y humedad degradan fácilmente los medicamentos que contiene.
Sí es importante su contenido, en cuya elaboración es preciso seguir unos parámetros que van a depender de las circunstancias de la persona, diferenciando el remedio de pequeñas heridas del tratamiento de síntomas leves de una enfermedad. Es evidente que no es lo mismo vivir en una ciudad, en que la proximidad a médicos y farmacias constituye una ventaja, que hacerlo en una zona rural donde el acceso a los recursos sanitarios es más dificultoso. En cualquier caso, el botiquín debería incluir un manual de primeros auxilios y los teléfonos de contacto más usuales (del centro médico, de emergencias, del centro de toxicología, etc.). También es preciso tener en cuenta las dolencias más habituales del grupo familiar (cefaleas, diarreas, etc.) para tener un buen repertorio farmacológico al alcance de la mano. Sólo debe contener medicamentos imprescindibles para aliviar problemas menores y material para realizar pequeñas curas. Para esto último incluiremos en nuestro botiquín vendas y gasas hidrófilas estériles de distintas medidas, algodón, pinzas, termómetro, bastones de algodón, tiritas, solución antiséptica (povidona yodada, agua oxigenada, etc.), esparadrapo, pinzas de punta fina para extraer cuerpos extraños previa desinfección de las mismas, tijeras de uso exclusivo para cortar el esparadrapo, una jeringa desechable, guantes de látex, pañuelos desechables, pomada para quemaduras, loción para picaduras de insectos e incluso bolsas de hielo en el congelador de la casa.
En cuanto a los medicamentos debo recordar que su uso se restringe a casos concretos y cuando ya se conoce previamente su aplicación. Nunca se puede probar algo nuevo porque lo recomiende un amigo, sino que se debe administrar siempre bajo prescripción (NO AUTOMEDICARSE JAMÁS). Los de aplicación más frecuente son los siguientes:

  • Para el dolor de cabeza, fiebre y dolores leves generalizados: paracetamol, ácido acetilsalicílico e ibuprofeno.
  • Para la congestión nasal: suero fisiológico y aerosoles descongestionantes.
  • Para la tos seca: tabletas de mentol.
  • Para el dolor de garganta: ibuprofeno y tabletas específicas.
  • Para la mala digestión: especialidades que contengan sales de aluminio y magnesio (de las que no se puede abusar).
  • Para erupciones de la piel y prurito: pomada con cortisona.
  • Para los mareos en los viajes
  • Para las diarreas
  • En el caso de enfermos crónicos que siguen un tratamiento pautado, en el botiquín deberá incluirse también su tratamiento habitual, en su propio envase y siempre listo para el consumo (p. ej. para enfermos de corazón cafinitrina recetada por el cardiólogo).
Es preciso reiterar la importancia de evitar el consumo aleatorio de medicamentos, debiendo hacerse siempre bajo prescripción facultativa, consultando al farmacéutico las pautas de consumo y guardando siempre los fármacos en su envase original con el prospecto correspondiente. Por otra parte, es imprescindible mantenerlo actualizado, retirando los medicamentos caducados y llevándolos a los puntos de recogida selectiva existentes en las farmacias.
 

Carmen Reija López

Farmacéutica Colegiada

SI USAS DENTADURA POSTIZA

Si usas dentadura postiza seguro que sabes lo importante que es elegir un buen fijador y mantener una higiene perfecta para evitar infecciones en tu boca. Consulta tus dudas al especialista y sigue sus recomendaciones, tales como:
-Antes de ponerla debes lavar profundamente tus encías y la propia prótesis (que debes secar antes de introducir en tu boca). Aplica una pequeña cantidad de adhesivo en forma de tiras estrechas o puntos alejados de los bordes de la dentadura evitando el exceso de producto. Introdúcela en la boca y presiona con firmeza unos segundos hasta que se quede bien fijada.
-Para sacarla correctamente debes enjuagarte con agua tibia o enjuague bucal sin alcohol.
-Una vez extraída, cepíllala con un cepillo suave y un dentífrico no abrasivo para dentaduras postizas, intentando eliminar todos los restos que se encuentren en ella. Introdúcela en una solución de limpieza específica durante el tiempo recomendado por el fabricante. Lávala con agua del grifo fría antes de ponértela y sécala cuidadosamente.
-El mejor mantenimiento pasa por mantenerla húmeda cuando no la lleves puesta (por ejemplo en un vaso con agua del grifo o solución limpiadora) y no utilices agua caliente para lavarla porque podría deformarse y perder su adaptación a tu boca.
Productos recomendables: Kukident pro, enjuague bucal Oral-B, tabletas limpiadoras Kin Oro, cepillo Lacer, etc. Consulta al especialista y/o a tu farmacéutico los que resulten más indicados para ti.
Carmen Reija López
Farmacéutica Colegiada