QUE NO TE PIQUEN LOS MOSQUITOS


La picadura de estos insectos no suele causar problemas graves, pero es muy desagradable y, sobre todo en los niños, resulta muy incómoda porque les pica y se puede inflamar e infectar cuando se rascan sin control. Además, las personas especialmente sensibles sufren reacciones inflamatorias al ser atacados por los mosquitos. Para todos ellos recomendamos el uso de un repelente adecuado a su edad.

Es en esta época cuando más nos atacan diferentes insectos, pues coincide con su eclosión y pasamos más tiempo al aire libre en parques, jardines, bosques, ríos, lagos, etc. donde viven

Los mosquitos son insectos dípteros de los que existen más de tres mil especies diferentes. Las hembras nos pican, absorben nuestra sangre y pueden inocularnos enfermedades cuya vía de transmisión es ésta. Las especies que habitan en España no son transmisoras de enfermedades, pero si viajas a ciertas zonas de América y África, debes tener cuidado y vacunarte contra las patologías que allí se presentan (fiebre amarilla, por ejemplo) y utilizar repelentes adecuados.

La picadura provoca una afección local que cursa con edema y eritema cutáneos, una roncha y prurito (picor en la piel). Al picarnos inocula una sustancia anticoagulante y vasodilatadora que produce una reacción local. Pica mucho y lo único que te apetece es rascarte. Esa es la peor opción, pues la histamina empieza a circular por nuestro cuerpo y el picor aumenta. Evita el rascado porque te picará más y la reacción cutánea será mucho mayor.

Recomendamos la prevención, es decir, evitar la picadura utilizando un buen repelente, que es un compuesto de naturaleza química, natural o sintética, en diferentes formas de administración y que se caracteriza porque repele al insecto impidiendo que se acerque a nuestra piel.

Puedes encontrarlo distintas opciones en el mercado: lociones, roll-on, pulseras, dispensadores eléctricos, pastillas, inciensos, velas, etc. Cada uno está indicado para una circunstancia determinada, pudiendo combinarse entre sí. Podemos señalar que:
-Las pulseras son muy adecuadas para los niños. Resultan cómodas y suelen contener productos naturales con efecto repelente.
-Las velas serían muy útiles si realizas una comida en el exterior. Puedes colocar en la mesa una o dos de citronela y dejar que se queme lentamente.
-El incienso se puede utilizar también en exteriores.
-Los dispensadores eléctricos suelen venir acompañados de una sustancia líquida antimosquitos o con pastillas que tienen la misma función. Puedes colocarlos en los enchufes de la casa, no siendo imprescindible que lo pongas en la habitación en la que duermes.

Debes elegir el más apropiado para las características de la persona que lo va a utilizar, siendo muy importante para acertar:
-Que sea seguro y eficaz, testado por el laboratorio que lo ha fabricado.
-Que sea efectivo para los diferentes insectos que pueblan nuestro medio.
-Que no sea tóxico para que nuestro organismo no se vea atacado y se generen problemas de salud. Especial cuidado con los niños que lo pueden tocar inadvertidamente y meterlo en la boca.
-Que no tenga perfume que resulte incómodo para el que lo lleva y los que van a su alrededor.
-Que sea fácil de aplicar y no manche la ropa o deje la piel coloreada
-Que sea versátil y cómodo de transportar si tenemos que moverlo

Consulta a tu farmacéutico. Para niños y pieles sensibles es mejor elegir uno formulado con ingredientes naturales e hipoalergénico para impedir que se incremente el problema del picor. También debe evitarse su aplicación sobre heridas o mucosas (ojos, labios, etc.). Cualquier duda que se te plantee, este profesional puede resolverla.

Si ya te han picado, mantén la picadura fresca y utiliza alguna loción post picadura para evitar el rascado. Hay muchas opciones comerciales que deben ser aplicadas adecuadamente y en función de la persona que las va a utilizar. Consulta a tu farmacéutico.

¡ME MAREO DE VIAJE!



Es una frase que mucha gente pronuncia cuando viaja y supone un problema importante no sólo para quien lo sufre, sino también para sus acompañantes, por la incomodidad que conlleva y por la inquietud de no saber en qué momento se iniciará o cesará. No suele ser un factor limitante y, a pesar del temor a padecerlo, organizamos el viaje y tratamos de minimizar el efecto del mareo (aunque puede amargar completamente el desplazamiento).
En general no suele afectar a niños menores de 2 años y, de padecerlo a partir de esa edad, se reduce el riesgo al cumplir los 12, constituyendo los ancianos, en cambio, un grupo de riesgo. En ocasiones puede acompañarnos durante toda nuestra vida.
El origen de la cinetosis está en el oído interno, en la zona del laberinto. La aceleración, la deceleración, el balanceo de los viajes en coche, tren, barco o avión estimulan estructuras del oído interno que activan el aparato gastrointestinal y el centro nervioso vegetativo, apareciendo los síntomas del mareo cinético. También el miedo o la ansiedad por viajar pueden desencadenar el proceso.
Los síntomas son variados y fácilmente reconocibles: inquietud, bostezos, malestar general, sudoración, fatiga, dolor de cabeza, náuseas, arcadas, vómitos, palidez, sudor frío, hipersalivación, sensación de que se mueven las cosas, etc. Pueden cesar cuando el medio de locomoción se detiene y reiniciarse al volver a moverse.
Para evitarlo:
-          Si el viaje es corto, no comas nada; si es largo, haz una comida ligera. Evita el alcohol y el tabaco.
-          Nunca vueles en ayunas; come pasta, carne, queso y fruta, evitando verduras flatulentas.
-          Usa ropa ligera, floja y cómoda; también el calzado debe ser cómodo.
-          Descansa antes de iniciar el viaje para hacerlo más relajado.
-          Mantente distraído durante el trayecto. Evita leer o jugar con la consola para no tener que fijar la vista. Los niños pueden ver una película en el DVD colocado a una altura adecuada.
-          Mira adelante y no a los lados. No sigas el movimiento de las olas o de otros barcos si viajas en uno.
-          Ventila el habitáculo del coche para eliminar olores fuertes que inducen el vómito y no uses ambientadores.
-          Conduce con cuidado sin girar, acelerar ni frenar bruscamente. Si vas de acompañante, siéntate de copiloto.
-          Descansa cada 2 horas: pasea y respira relajadamente en lugares adecuados.
-          Busca zonas con poco movimiento cuando viajes en medios de transporte comunitarios: asientos delanteros de los autobuses, en el centro del barco, entre las alas del avión, mirando hacia delante en el tren, etc.
El tratamiento farmacológico es preventivo; sirve para evitar el inicio de los síntomas porque, en cuanto empiezan, ya no es eficaz. Lo más habitual es el uso de antihistamínicos mixtos como el dimenhidrinato. La somnolencia que inducen ayuda al pasajero a pasar mejor el viaje, pero reducen la capacidad de respuesta del conductor (evitable si se combina con café). No deben ser consumidos por enfermos con glaucoma, enfermedades obstructivas renales o intestinales, úlcera péptica, problemas de próstata o trastornos cardíacos. El dimenhidrinato se administra en forma de supositorios, comprimidos, ampollas bebibles, chicles, etc. para adultos y niños, y bajo nombres comerciales diferentes. No se recomienda su uso en menores de 2 años ni en mujeres que dan el pecho a sus bebés -salvo prescripción médica, aunque se adquiere sin receta-, pudiendo interferir con fármacos de uso común.
Si notas un malestar inicial inspira profunda y rápidamente para aliviar la sensación de náusea. Si ya estás mareado, mantén la vista fija, recuéstate, colócate en posición decúbito supino y trata de mirar al horizonte con un ángulo de 45º. Si tomas medicamentos para el mareo hazlo una hora antes del inicio del viaje, con agua y/o comida y recuerda que producen sueño…

CONSEJOS PARA UN VERANO SALUDABLE



Aunque son numerosos los consejos que aportan los expertos, es importante destacar:

-Consume productos de temporada mantenidos en perfectas condiciones higiénicas. Resulta fundamental beber agua potable en cualquier lugar en el que te encuentres. No bebas de una fuente que encuentres en el camino, excluye el hielo de origen desconocido, pide el agua en botellas precintadas, etc. Los alimentos deben ser conservados y transportados de forma correcta y se recomienda excluir el consumo de huevos o lácteos para evitar padecer las habituales gastroenteritis veraniegas.

-Evita las picaduras de insectos utilizando protectores específicos (pulseras, vaporizadores, etc.) y trátalas adecuadamente si has sido atacado por ellos (desinfectantes, antiinflamatorios, etc.). No sólo es molesta la picadura, también resulta peligrosa la transmisión de ciertas enfermedades que se propagan de esta manera.

-Mantén una correcta hidratación. Bebe mucha agua porque resulta fundamental para evitar la deshidratación y mantener sano tu organismo. Cuidado especial con niños y ancianos porque son muy susceptibles a padecerla. Ofréceles helados (mejor los elaborados a partir de fruta natural) porque seguro que no se negarán a comerlos.

-Favorece tu bronceado incluyendo alimentos antioxidantes como zanahorias, uvas, tomate, sandía, pimiento, etc. Lo mejor es consumirlos frescos, pero cualquier opción es válida si te ayuda a integrarlos en tu dieta (batidos, zumos, ensaladas, etc. constituyen una opción interesante que agrada a todo el mundo).

-Conoce tu fototipo para poder aplicar el fotoprotector más conveniente para ti. Existen numerosas opciones en el mercado con diferentes texturas y niveles de protección. Seguro que encuentras la que mejor se adapta a tus necesidades.

-Consulta a tu médico o farmacéutico la compatibilidad del sol con la toma de ciertos medicamentos fotosensibles (como los antibióticos o algunos antidepresivos) o la necesidad de cubrir las cicatrices y lunares (con una simple tirita, por ejemplo) para evitar que se alteren y degeneren.

-Vigila tu piel. Debes estar atento a tus lunares, sus posibles cambios (la regla Asimetría-Bordes-Color-Diámetro-Evolución es fundamental), consultar al dermatólogo y hacer una revisión anual preventiva.

-Evita exponerte al sol de 12 a 16 horas y tampoco estés demasiado tiempo sin acudir a una sombra (mejor la de los árboles). Utiliza siempre protección solar aunque esté nublado, los rayos solares atraviesan esa capa de nubes y llegan a tu piel. Lo recomendable es aplicar el fotoprotector por toda la superficie corporal antes de salir de casa (usando un producto especial para la cara y las zonas sensibles). Además, sería preciso repetir la administración cada dos horas y tras el baño (aunque sea resistente al agua porque no se garantiza completamente la cobertura).

-Aplica cremas hidratantes para después del sol (las denominadas “after sun”), nutritivas para compensar las pérdidas de vitaminas y minerales y otras específicas para evitar la aparición de radicales libres. Es la mejor medida preventiva que puedes realizar.

-Utiliza gafas de sol homologadas que absorban el 100% de las radiaciones solares para evitar problemas como cataratas, glaucoma, etc. No olvides los ojos de los niños, que también deben ser protegidos, aunque ellos no quieran. Acude a tu óptica y pide consejo a los especialistas.

-Elige la ropa adecuada. Mejor de color claro y materiales naturales como lino y algodón. Si está mojada o es oscura, protege menos de las radiaciones. También puedes usar la ropa preparada con filtro solar, especialmente recomendable en los niños las camisetas para la playa con estas características. Y no olvides la gorra, visera, pamela, sombrero o lo que quieras para cubrir tu cabeza.

-Continúa el tratamiento pautado por el médico. No puedes eliminarlo sin su consentimiento. Consulta todas tus dudas y no te automediques bajo ningún concepto.



Disfruta un verano sin complicaciones y sin renunciar a los cuidados necesarios. Es posible, aunque te parezca difícil conciliarlo. Instaurar estos sencillos hábitos es fácil y la recompensa es muy importante. Consulta a tu médico.


GOLPE DE CALOR



Se produce cuando la capacidad de regulación corporal del organismo se ve superada y no consigue disipar el aumento de temperatura que provoca que el organismo supere los 40 grados. Esta situación puede generar un fallo multiorgánico de consecuencias irreparables o generar secuelas irreversibles en el aparato nervioso, cardíaco, respiratorio, etc. difíciles de tratar y que deben ser evitadas siguiendo las medidas preventivas adecuadas.



Puede ocurrirle a cualquiera, pero los expertos señalan que los grupos de riesgo son los enfermos crónicos (cardíacos, respiratorios, diabéticos, hipertensos, etc.), las personas mayores y quienes siguen tratamientos farmacológicos asociados a las patologías señaladas (para reducir la tensión y el colesterol, entre otros). También los niños pueden sufrirlo porque no se manejan correctamente en las situaciones que lo desencadenan. Los adultos deben mantenerse alerta (ofrecerles bebidas, ponerlos a la sombra, etc.) para minimizar los riesgos.



Las señales de alerta más significativas serían: cefalea (dolor de cabeza fuerte o débil y pulsátil o continuo), dificultad en el habla (les cuesta pronunciar las palabras correctamente), vértigo o mareo, confusión (no saben dónde se encuentran), alucinaciones, molestias abdominales (náuseas y/o vómitos) y pérdida de conocimiento (que puede desembocar en coma). Cualquiera de ellas debe ser considerada como importante y animarnos a avisar a los equipos sanitarios de emergencia o acudir a urgencias si el estado del enfermo lo permite.



Si observamos que una persona está sufriendo un golpe de calor y no podemos acudir a un centro sanitario, sería recomendable sacarle la ropa y aplicarle agua fría en una ducha o en una bañera (cuidadosamente para evitar que se ahogue, por ejemplo). Si es difícil encontrar estos elementos, podríamos ponerle hielo en las zonas laterales del tronco (a través de una fina tela o un papel y adosados al cuerpo). Si se encuentra consciente, debemos aportarle pequeños sorbos de líquidos fríos de manera continuada (agua, bebidas isotónicas, etc.). Si está inconsciente no se debería administrar ninguna bebida y la urgencia de avisar a los equipos sanitarios se multiplica exponencialmente.



La mejor opción es prevenir su aparición para evitar pasar un mal rato y las temibles consecuencias asociadas a su padecimiento. Los expertos señalan que las recomendaciones incluyen:

-Permanecer en lugares frescos y aireados evitando el sol directo sobre el cuerpo. La sombra de un árbol es la mejor opción porque es un medio natural que resulta muy refrescante.

-Evitar el ejercicio intenso durante las horas de más calor y baja humedad ambiental. Seguro que encuentras un momento más idóneo (y menos arriesgado) para practicar ejercicio.

-Mantener una hidratación continua a pesar de no sentir sed. Es importante beber continuadamente, especialmente agua, bebidas isotónicas y zumos naturales.

-Intentar que los desplazamientos coincidan con las horas de menos calor y utilizar el aire acondicionado a una temperatura fija y no muy baja en el vehículo de transporte.

-Elegir ropa de algodón, de colores claros, viseras, gorras, gafas, etc. para evitar que se produzca un aumento de temperatura incontrolado. Las fibras sintéticas y los colores oscuros no resultan adecuados en estas situaciones.

-Evitar el consumo de bebidas alcohólicas. Es un elemento que produce deshidratación y no se recomienda su consumo.

-Mantener el tratamiento indicado por el especialista y comentarle que nos vamos a desplazar a una zona diferente donde la temperatura va a ser superior a la habitual para nosotros. Puede ser necesario que modifiquemos algunas pautas que él debe indicarnos.



Cualquier duda debe ser consultada al médico. Nuestros hábitos influyen directamente en la reacción que sufrimos ante el calor y, ciertos tratamientos (ansiolíticos, diuréticos, etc.) nos hacen más susceptibles de padecer el “golpe de calor”. Lo mejor es prevenirlo.




ANÍMATE A VIAJAR CON NIÑOS


Es una idea estupenda que suele provocar mucha ansiedad a los padres porque se plantean infinidad de preguntas, no solo sobre el destino, sino también durante el desplazamiento. No renuncies a hacer un viaje por temor al trayecto, pues no tiene que resultar tan complicado como a priori pueda parecerte. Todo irá bien si lo planificas en función de los viajeros adaptando el itinerario a sus necesidades y edades respectivas. No puedes controlarlo todo, pero sí la mayor parte de las circunstancias asociadas al desplazamiento. Organiza tu viaje y que nada te lo amargue.
Algunas de estas recomendaciones son generales y puedes aplicarlas a cualquier medio de transporte; otras son más específicas y centradas en los desplazamientos en coche. Te proponemos:
-Controla el ambiente. Si viajas en coche, que no haga mucho calor… pero tampoco te pases con el aire acondicionado.
-Entretenimiento adecuado y variado. Cuentos, música, películas, etc. resultan una buena opción. Si son varios, pueden disfrutar juntos con juegos tradicionales como las palabras encadenadas que, además de entretenerlos, les animará a pensar. 
-Mantener una hidratación adecuada. Es fundamental para todos, pero especialmente para los niños si realizas el viaje cuando la temperatura ambiental es alta. Lo mejor es que beban agua, pero no hay que descartar los zumos sin azúcar añadido, por ejemplo.
-Horarios adecuados. Si tienes que desplazarte en coche durante muchas horas, elige el mejor momento para hacerlo. Aprovecha la noche o la hora de la siesta porque los niños podrán ir durmiendo muy tranquilos.
-Organízate bien. No lo dejes para el final porque te puedes olvidar de alguna cosa imprescindible. Elabora una lista general reutilizable y vete señalando lo que llevas en cada ocasión, ya que no es lo mismo ir a casa de unos parientes, a un hotel en la playa o a una casa de turismo rural.
-Elabora un botiquín de viaje. Consulta a tu médico e incluye todo lo necesario para garantizar un viaje sin sustos. Pregunta las normas si vas a volar porque la legislación es muy clara en ese sentido.
-Haz las paradas apropiadas. No intentes hacer el viaje sin hacer ninguna pausa aunque te parezca que es poco tiempo el que te va a llevar el desplazamiento. Los expertos recomiendan que los viajes con niños pequeños no duren más de seis horas y que las paradas sean en intervalos de, como máximo, dos horas.
-Prepara las comidas. Llevar lo necesario en el coche puede resultar una buena idea, pero no debes elegir alimentos que se estropeen y utiliza una nevera para su trasporte.
-Sigue las normas de seguridad. Además de ser obligatorias, salvan vidas. Coloca a los niños en las sillas adecuadas a su edad y abrocha los cinturones. No están incómodos… están seguros.

Si el desplazamiento es en avión, adáptate a las características específicas que las compañías de transporte señalan. No podrás introducir determinados elementos en la cabina y debes consultar con la agencia de viajes lo que está permitido y lo “prohibido”. En función de la edad y del tiempo que dure el vuelo, elabora una lista con los elementos necesarios para que no les resulte demasiado pesado y permanezcan entretenidos. Libros, vídeos, móviles, etc. pueden ser la mejor opción para disfrutar del trayecto y se mantengan ocupados durante la mayor parte del tiempo.

No renuncies a tu viaje por temor a que a los niños les vaya a ir mal. Plantéatelo en positivo y expulsa todos tus miedos. Habrá momentos mejores que otros, pero como en casa. Seguro que aprovecharán bien el tiempo, aprenderán mucho, establecerán nuevas relaciones y recordarán con ilusión todo lo que hayan vivido. Es importante elegir bien el destino para evitar problemas de salud relacionados con la comida o el agua, por ejemplo. Consulta a su pediatra todas tus dudas.

SOBREVIVIR A LOS EXÁMENES


Es el peor momento para los estudiantes (y sus familias) porque serán evaluados de sus conocimientos y obtendrán unas calificaciones que, en ciertos niveles, determinarán su futuro, pues servirán para elegir sus estudios universitarios. Es fundamental mantener la calma y no recurrir a ningún tipo de sustancia para potenciar la memoria o dormir menos. Consulta tus dudas al médico y no te automediques.
En función de tu edad, sea cual sea el examen al que te vas a enfrentar, hay una serie de consejos generales que resultan útiles en todos los casos. Proponemos:
1. Duerme bien. Robar horas al sueño para estudiar más tiempo es un error que sólo te perjudica. Es imprescindible llegar a la fase REM del sueño para que el cerebro se recupere completamente. Además, dormir poco afecta a la memoria, lo que no te permitirá recordar lo que has estudiado y te perjudicará cuando te examines.
2. Haz ejercicio. Te ayudará a despejar la mente y oxigenar tu organismo. Practica el deporte que más te guste y procura caminar un rato todos los días. No lo consideres una pérdida de tiempo; esa hora que dedicas al deporte te permitirá afrontar el estudio con mayor energía y provecho.
3. Cuida tu alimentación. No debes excluir ningún alimento de la pirámide nutricional para poder integrar todos los nutrientes necesarios para tu organismo. Tampoco olvides beber, porque es imprescindible mantener la hidratación adecuada. A nivel cerebral y de la memoria, los ácidos grasos omega 3 y 6 son fundamentales para ti. Incluye pescado azul, aceite de oliva, pipas, chocolate, etc.
4. Mejora tu concentración. Tu cerebro necesita centrar su atención en una actividad concreta. Para lograrlo, deberías planificar períodos intermedios de descanso (5 minutos cada hora de estudio, por ejemplo) en los que te dediques a recuperar la energía que has consumido estudiando (el cerebro se nutre de glucosa y oxígeno mientras está trabajando).
5. Controla los nervios. Pueden estropear tu trabajo si te agobias estudiando o acudes al examen muy nervioso, porque tu rendimiento será menor que si lo haces tranquilo. Los nervios exacerbados provocan síntomas variados (dolor de barriga, diarrea, dolor de cabeza, etc.) que te perjudicarán. Relájate haciendo lo que mejor te funcione (respiración, tocar la guitarra, bailar, etc.)
6. Prepara tu zona de estudio. Para que todo funcione debes estar cómodo: una mesa amplia y ordenada, una silla adaptada, la luz adecuada, el material que necesitas, etc. son claves para que tu rendimiento sea óptimo.
7. Aprovecha el tiempo. Si te pones a estudiar olvídate de todo lo demás. No mires el móvil, apaga la música, no hables por teléfono, etc. Lo importante es que no te distraigas y te dediques a lo que debes hacer en ese momento: concentrarte y estudiar.
8. Gestiona tu día. Organiza los temas dándoles la importancia que se merecen. No dejes nada “porque no es importante” pero prioriza lo que los profesores hayan destacado. Procura cumplir un horario en el que incluyas todo lo que es necesario para mantenerte sano: comer, dormir, descansar, hacer ejercicio, etc. Te dará tiempo a hacerlo todo si elaboras un horario y lo cumples.
9. Cuida tus ojos. Seguro que percibes sensaciones incómodas que se deben a la enorme actividad desplegada ante los libros o las pantallas de ordenador. Relaja la musculatura ocular cambiando la visión (de cerca a lejos), parpadea, apaga el ordenador si no lo estás utilizando, etc. Ante cualquier duda, consulta a tu oculista.
10. Piensa en positivo. Plantéate que puedes hacerlo bien y no temas quedarte en blanco. Mentalízate de que te has esforzado lo suficiente y que te lo sabes y serás capaz de hacerlo. Evita los miedos infundados que únicamente sirven para paralizarte.

ESTRABISMO INFANTIL



La actuación conjunta y coordinada de las estructuras visuales consigue una adecuada visión binocular y una correcta percepción de la profundidad, de manera que el cerebro forme una única imagen tridimensional. Cuando no concurren estas condiciones, al enfocar un objeto se genera una imagen distorsionada a nivel cerebral y la desalineación de un ojo respecto del otro, apreciable externamente.

Cuando las alteraciones de motilidad y movilidad provocan una desviación constante en uno o en ambos ojos y en todas las posiciones de la mirada, los oftalmólogos utilizan el término estrabismo, comprensivo de distintas situaciones.

La frecuencia de aparición en la población infantil es de un 4%, siendo variadas las causas: enfermedades oculares o sistémicas, traumatismos, diferentes síndromes, problemas congénitos y malformaciones, defectos en la refracción, etc. Deseo indicar que es normal que en los primeros meses de vida se aprecien uno o ambos ojos desalineados, debido a que la maduración de la visión todavía no se ha completado. Si con el paso del tiempo no mejora, el pediatra indicará la necesidad de acudir a un especialista para realizar los preceptivos exámenes.

Los síntomas apreciables por los padres serían los siguientes: ojos que parecen bizcos y no se alinean en la misma dirección, movimientos oculares sin coordinación, visión doble (diplopia) referida por el niño y pérdida de profundidad por falta o baja visión en uno de los ojos (observable cuando le tapamos uno de ellos con nuestra mano y hacemos que siga un objeto con el otro). El especialista realizará una batería de pruebas para valorar la situación, lo que incluye la realización de una anamnesis (antecedentes del niño y sus familiares, tipo de parto, momento en que se observó la desviación por primera vez, etc.), el examen externo de los ojos a través de unos prismas de colores, el estudio de la agudeza visual, análisis de la retina e incluso un examen neurológico. Como paso previo aconsejo acudir a la óptica, pues el óptico titulado es un profesional de la salud perfectamente capacitado para analizar la situación e indicar la visita al oftalmólogo.



Lo más conveniente sería detectarlo a edad temprana para evitar problemas en el futuro (como el denominado “ojo vago”) y porque el tratamiento será más efectivo en los primeros años de vida (siempre antes de los 7 años y con preferencia antes de los 4). Éste dependerá de la situación detectada, orientándose a evitar la ambliopía, enderezar los ojos, restaurar la visión binocular y mejorar la percepción de profundidad. Se puede comenzar por adaptar una gafa (si se presenta algún defecto refractivo como una hipermetropía) para lograr una buena agudeza visual y tapar con un parche el ojo sano para que el otro desarrolle una visión normal. Otra opción es el uso de un parche que ocluya el ojo sano sin adaptar innecesariamente la gafa. También se puede recurrir a la realización de ejercicios oculares orientados a fortalecer y facilitar el movimiento de los músculos encargados de la visión (entrenamiento visual). En un momento posterior se acude a la cirugía aplicada al ojo desviado, al que funciona bien o a ambos. En esta operación se intenta fortalecer y/o debilitar los músculos implicados seccionando una pequeña fracción; suele ser necesario repetir la intervención, no presentando problemas secundarios salvo los asociados a cualquier otra cirugía que implique una anestesia.


Acude a tu óptica y consulta tus dudas. Son profesionales especializados en la detección de las patologías oculares y pueden indicarte los pasos a seguir. Confía en su experiencia y sigue sus pautas. ¡No te arrepentirás!