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QUERATOCONO




Es uno de los problemas degenerativos más comunes que pueden presentarse en la córnea, aunque no sea frecuente. Se considera una enfermedad caracterizada por un adelgazamiento y deformación en forma de protrusión localizada en la curvatura corneal. Normalmente es bilateral y evoluciona de manera asimétrica, aunque no todos los pacientes son iguales.

La prevalencia es variable. Se considera como dato real su presencia en 50 de cada 100.000 habitantes, llegando al 15% en quienes padecen síndrome de Down. Se han diagnosticado un mayor número de casos en estos últimos años debido a los avances en las técnicas de estudio y la aplicación de nuevos aparatos de manera general a quienes van a someterse a algún tipo de cirugía refractiva.

Suele presentarse a partir de la pubertad, normalmente entre los 20 y 30 años de edad y afecta a hombres y mujeres de manera similar, sin apreciarse diferencias significativas por razón de sexo. Su progresión es menor a medida que aumenta la edad del paciente y, habitualmente, se estabiliza a partir de los 30 ó 40 años sin haber provocado una seria alteración visual.

Se cree que puede deberse al debilitamiento de las uniones del colágeno por la oxidación celular. Se ha asociado a un componente hereditario, ya que se ha establecido una relación con parientes directos de casi un 8% entre quienes lo presentan. Otros estudios lo relacionan con el mal uso de lentes de contacto (pero no se ha confirmado su existencia previa o posterior a la utilización y suele resolverse al dejar su uso) o con la cirugía refractiva (como desencadenante o manifestación posterior porque no se había visto previamente). También se cree que los pequeños traumatismos persistentes como el frotamiento ocular crónico pueden llegar a generarlo.

Se han establecido varias categorías en función de la curvatura corneal detectada como criterio primario de clasificación (leve, moderado, avanzado y severo). También se ha utilizado la forma que adquiere (mamilar, oval o globo) o la afectación variable (desde grado 0 a grado 5). Esta clasificación es importante para decidir el tratamiento que va a administrarse.

Los síntomas asociados serían la aparición de un astigmatismo miópico irregular difícil de corregir, problemas de visión nocturna, dificultad progresiva de la visión, distorsión visual, deformación de los objetos, fotofobia, deslumbramientos, visión borrosa, etc. que deben ser consultados al médico.

El diagnóstico debe realizarlo el especialista. La mejor prueba de detección precoz y diferencial es la utilización del topógrafo corneal y el scanner. La combinación de ambas técnicas permite un diagnóstico y seguimiento correcto de los pacientes afectados.

Los tratamientos se encaminan a compensar la irregularidad corneal, reforzar la córnea o eliminar el área afectada y sustituirla por tejido sano de un donante. Es habitual el uso de lentes de contacto para corregir el queratocono y mejorar la agudeza visual. También se aplican fármacos específicos, cirugía o una combinación de todas las opciones. El trasplante suele realizarse en casos concretos en los que el paciente presenta mala visión tras la corrección, incapacidad para tolerar las lentes de contacto y/o un adelgazamiento extremo de la córnea que impide la correcta evolución del enfermo.

Según el grado del queratocono, el tratamiento es variable. Inicialmente se recomienda el uso de gafas o, preferentemente, lentes de contacto que mejoren la agudeza visual del paciente. Cuando se aprecia un astigmatismo irregular deben utilizarse lentes de contacto permeables o semirrígidas porque las gafas no mejorarían la visión. Cuando las lentes empiezan a dar problemas o no mejoran la situación, puede tratarse con los anillos de plástico que se introducen en la córnea del paciente. Si el resultado no es el deseado, deberá recurrirse al trasplante de córnea.

La prevención pasa por realizar revisiones periódicas anuales, especialmente completas si se tienen parientes directos que lo padecen y evitar restregarse los ojos continuamente. Quienes presentan queratocono o existe la sospecha de su existencia, no pueden someterse a cirugía laser para eliminar miopía, hipermetropía y astigmatismo. Acude a tu óptico y consulta tus dudas.

ESTRABISMO INFANTIL



La actuación conjunta y coordinada de las estructuras visuales consigue una adecuada visión binocular y una correcta percepción de la profundidad, de manera que el cerebro forme una única imagen tridimensional. Cuando no concurren estas condiciones, al enfocar un objeto se genera una imagen distorsionada a nivel cerebral y la desalineación de un ojo respecto del otro, apreciable externamente.

Cuando las alteraciones de motilidad y movilidad provocan una desviación constante en uno o en ambos ojos y en todas las posiciones de la mirada, los oftalmólogos utilizan el término estrabismo, comprensivo de distintas situaciones.

La frecuencia de aparición en la población infantil es de un 4%, siendo variadas las causas: enfermedades oculares o sistémicas, traumatismos, diferentes síndromes, problemas congénitos y malformaciones, defectos en la refracción, etc. Deseo indicar que es normal que en los primeros meses de vida se aprecien uno o ambos ojos desalineados, debido a que la maduración de la visión todavía no se ha completado. Si con el paso del tiempo no mejora, el pediatra indicará la necesidad de acudir a un especialista para realizar los preceptivos exámenes.

Los síntomas apreciables por los padres serían los siguientes: ojos que parecen bizcos y no se alinean en la misma dirección, movimientos oculares sin coordinación, visión doble (diplopia) referida por el niño y pérdida de profundidad por falta o baja visión en uno de los ojos (observable cuando le tapamos uno de ellos con nuestra mano y hacemos que siga un objeto con el otro). El especialista realizará una batería de pruebas para valorar la situación, lo que incluye la realización de una anamnesis (antecedentes del niño y sus familiares, tipo de parto, momento en que se observó la desviación por primera vez, etc.), el examen externo de los ojos a través de unos prismas de colores, el estudio de la agudeza visual, análisis de la retina e incluso un examen neurológico. Como paso previo aconsejo acudir a la óptica, pues el óptico titulado es un profesional de la salud perfectamente capacitado para analizar la situación e indicar la visita al oftalmólogo.



Lo más conveniente sería detectarlo a edad temprana para evitar problemas en el futuro (como el denominado “ojo vago”) y porque el tratamiento será más efectivo en los primeros años de vida (siempre antes de los 7 años y con preferencia antes de los 4). Éste dependerá de la situación detectada, orientándose a evitar la ambliopía, enderezar los ojos, restaurar la visión binocular y mejorar la percepción de profundidad. Se puede comenzar por adaptar una gafa (si se presenta algún defecto refractivo como una hipermetropía) para lograr una buena agudeza visual y tapar con un parche el ojo sano para que el otro desarrolle una visión normal. Otra opción es el uso de un parche que ocluya el ojo sano sin adaptar innecesariamente la gafa. También se puede recurrir a la realización de ejercicios oculares orientados a fortalecer y facilitar el movimiento de los músculos encargados de la visión (entrenamiento visual). En un momento posterior se acude a la cirugía aplicada al ojo desviado, al que funciona bien o a ambos. En esta operación se intenta fortalecer y/o debilitar los músculos implicados seccionando una pequeña fracción; suele ser necesario repetir la intervención, no presentando problemas secundarios salvo los asociados a cualquier otra cirugía que implique una anestesia.


Acude a tu óptica y consulta tus dudas. Son profesionales especializados en la detección de las patologías oculares y pueden indicarte los pasos a seguir. Confía en su experiencia y sigue sus pautas. ¡No te arrepentirás!


OJO CON TUS GAFAS DE SOL




A pesar de los intentos que desde los colegios profesionales se realizan cada año relativos a la protección ocular, olvidamos sus recomendaciones pensando que cualquier gafa de sol es buena para nuestros ojos y que lo importante es “estar a la moda”. Por supuesto, nos equivocamos. Los estudios demuestran que la exposición a una alta radiación solar (aunque sea breve) o a una baja (durante mucho tiempo) causa alteraciones en los tejidos y afecciones oculares que llegan a ser graves en todas las estructuras del ojo, entre las que podemos destacar que:
- A nivel del cristalino, se generarían cataratas y presbicia precoz.
- En la retina, lesiones que causan degeneración macular asociada a la edad, retinopatía visual, etc.
- En la córnea se puede producir una quemadura del epitelio muy dolorosa, que suele curar sin dejar secuelas.
- A nivel conjuntival, las quemaduras superficiales o ciertas enfermedades como el pterigium se relacionan con el exceso de radiación.
Podemos prevenir el daño ocular siguiendo las pautas de los especialistas (ópticos-optometristas, fundamentalmente) que conocen tanto la fisiología del ojo como las peculiaridades de los cristales y monturas adecuados para cada ojo y/o problema visual. No debes pensar únicamente en la estética, sino también en tus necesidades concretas.
Una directiva europea que los fabricantes deben respetar regula completamente las características que debe cumplir una gafa de sol sanitariamente adecuada. Te recomendamos que acudas a un centro especializado, mires la etiqueta antes de elegirla y optes por la que incluya:
- el cumplimiento con la normativa europea (CE).
- el nombre del fabricante.
- el índice del filtro solar. La normativa señala que oscila de 0 a 4 en función de la intensidad de absorción de luz, siendo independiente del color de la lente. El más indicado en la playa es el 3; para una luminosidad media llegaría con el 1; y, en función de sus propiedades, serán válidas o no para conducir de noche.
- el factor de protección ultravioleta.
Antes de decidirte piensa en sus propiedades ópticas, en que se adapte a la forma de tu cara y a la actividad que desarrollas, etc. y no únicamente en lo que te gusta, te queda mejor o está de moda. Tampoco creas que sólo la tienes que usar en verano; es imprescindible que te acostumbres a ella y te sientas cómodo para poder ponértela siempre que “la necesites”.
Decidir el color del cristal resulta muy importante. Debemos centrarnos en nuestras necesidades vitales, pues sus propiedades ópticas lo hacen más o menos adecuado a cada situación:
- el verde para realizar deportes náuticos o de invierno como el esquí.
- el marrón para los deportes al aire libre y para quienes padecen cataratas o se han sometido a cirugía ocular (por ejemplo, de miopía).
- el amarillo para deportes como el tenis, situaciones en las que varía la luz durante la conducción y para personas con problemas a nivel de la retina.
- el gris para la conducción en condiciones normales de luminosidad, en ambientes con iluminación irregular y para quienes padecen fotofobia.
- el negro tiene poco contraste y reduce la seguridad en la conducción.
Las propiedades ópticas de la lente pueden ser mejoradas haciéndolas: polarizadas para evitar deslumbramientos, pues se eliminan los reflejos horizontales; espejadas para evitar la fotofobia o fotocromáticas para modificar la claridad en función de la intensidad luminosa. Plantéalo al especialista porque seguro que hay alguna opción interesante para ti.
Te recomendamos acudir a tu óptica donde el óptico-optometrista te ayudará a elegirla adecuadamente. A nivel de salud visual debes evitar comprarla en tiendas no especializadas, cadenas comerciales o por Internet, pues el uso de lentes de baja calidad provoca mareos, dolor de cabeza, daños oculares, dilatación de la pupila, diplopia, etc. Ante cualquier problema consulta a un especialista y cambia de gafas….Tus ojos te lo agradecerán. Y no las uses sólo en verano,

CONDUCE CON VISTA

Al planear un viaje en coche no deberíamos olvidar que el conductor es la parte fundamental y que, si quien pilota tiene algún problema de visión, puede sufrir un accidente, incluso en bicicleta. Esta actividad requiere una visión perfecta para evitar percances, pues la mayor parte de la información que precisamos para conducir proviene de nuestra capacidad visual y los expertos calculan que más de un 35% de los accidentes de tráfico se deben a “distracciones visuales” sufridas por el conductor.
No todas las situaciones son iguales. Podríamos destacar:
-Cuando conducimos de día y bajo los rayos del sol es necesario evitar los deslumbramientos, utilizando gafas con un filtro solar adecuado, preferentemente de color gris y con cristal polarizado por su eficacia antirreflejante.
-Los pacientes sometidos a cirugía ocular (como trasplante de córnea, cataratas, corrección quirúrgica de la miopía, etc.) deberían esperar de 1 a 3 meses para volver a conducir, siempre a criterio de su cirujano, que puede reducir o ampliar dicho tramo en función de la evolución visual del operado.
-Los mayores de 55 años con inicio de cataratas o con una miopía muy acusada deben ser cuidadosas, pues no presentan un 100% de agudeza visual. Ésta disminuye hasta en un 70% durante la noche, razón por la cual el número de accidentes aumenta. A ello hay que añadir a quienes padecen la denominada “miopía nocturna” (no se adaptan bien a la oscuridad) o de los daltónicos, en los que se reduce la agudeza y capacidad visual en ausencia de la luz natural.
Para mejorar la conducción y reducir riesgos sería recomendable seguir unos sencillos consejos previos:
-Comprobar que el vehículo se encuentra en óptimas condiciones de visibilidad: parabrisas limpios, faros alineados y con suficiente intensidad luminosa, etc.
-Utilizar gafas de sol adecuadas para protegerse de los deslumbramientos provocados por los rayos solares
-Llevar gafas de recambio correctamente graduadas en función del problema refractivo de la persona
-Evitar situaciones que produzcan descompensación visual, como la fatiga, el estrés, el consumo de fármacos, etc.
-Eludir la conducción nocturna las personas mayores de 65 años, con glaucoma, miopía o cataratas que reducen la capacidad visual y la posibilidad de reacción ante los imprevistos
-Los operados de cirugía refractiva no deben conducir de noche, al menos durante un tiempo, ya que pueden tener problemas de visión nocturna
-Los que padecen problemas de visión de color (daltonismo) deben aumentar las precauciones en caso de lluvia o niebla e incrementar la distancia de seguridad para favorecer su tiempo de respuesta
-Realizar adecuadamente las pruebas psicotécnicas, pues permiten detectar problemas de visión que al propio paciente le pasan desapercibidos.
-Acudir a centros especializados donde los profesionales gestionarán su situación personal y le recomendarán las mejores pautas.
Los ópticos-optometristas serían los profesionales más indicados para ayudarnos, por su cercanía, accesibilidad y conocimientos. Se recomienda una revisión visual al menos una vez al año y siempre antes de iniciar un viaje largo. Pueden detectar algún problema incipiente en nuestra capacidad visual y ayudarnos a resolverlo o dirigirnos al profesional adecuado para ello.

 

REVISA LOS OJOS DE LOS NIÑOS

Debemos cuidar la salud visual desde pequeños para detectar precozmente los problemas relacionados con sus ojos y tratarlos de inmediato. La mala visión puede causar problemas en su progreso escolar provocando dificultades para leer, escribir, etc. que se resolverían acudiendo simplemente a una consulta.
Es fundamental la información suministrada por los padres y los profesores, quienes pueden detectar anomalías que deben consultar al pediatra en cualquier etapa infantil. Los estudios epidemiológicos relacionan la edad con la aparición de ciertas patologías, aunque no es absolutamente exacto:
-Al nacer deben descartarse enfermedades congénitas visuales (cataratas, por ejemplo).
-En la etapa preescolar pueden presentarse ambliopía o estrabismo.
-En la etapa escolar lo más frecuente es la miopía, aunque también se presentan hipermetropía o astigmatismo.
-En la pubertad deben realizarse revisiones cada cinco años, salvo que existan patologías concretas que seguirán la pauta prescrita por el especialista.
-Además, se pueden observar infecciones oculares como la conjuntivitis que deben ser tratadas por el especialista.
El principal mecanismo preventivo es el estudio de la población infantil con técnicas de exploración sencillas capaces de detectar y tratar las principales enfermedades oculares: miopía, estrabismo, astigmatismo, ojo vago y estrabismo.
Las pruebas dependen de la edad:
-Hasta los 3 años son indirectas para determinar la capacidad de fijación y seguimiento de objetos con los ojos.
-Desde los 3 años son de agudeza visual en función de las posibilidades del niño para colaborar y distinguir letras, símbolos, figuras, etc.
Pero… ¿en qué consisten estas patologías?
-Los miopes ven mal los objetos lejanos y suele aparecer en edad escolar, cuando los niños atienden a las explicaciones de los profesores. Normalmente necesitan gafas.
-Los hipermétropes tienen el problema contrario: ven mal los objetos cercanos. Se corrige con gafas.
-Quienes padecen astigmatismo ven distorsionados los objetos y pueden sufrir dolores de cabeza. Se usan lentes si les provoca visión borrosa o incomodidad visual.
-El estrabismo se produce por la pérdida de alineamiento de los ojos que impide fijar la mirada en el mismo punto y afecta a la percepción de la profundidad. Suele usarse la oclusión alternativa (parches), gafas y cirugía. En algunos casos se asocia con la ambliopía.
-El ojo vago o ambliopía consiste en que uno de los ojos, aparentemente normal, no tiene una visión adecuada porque la señal visual no llega al cerebro. Se trata con oclusión, preferentemente antes de los 6 ó 7 años porque, después, las posibilidades de recuperación son prácticamente nulas.
En la consulta los protocolos son indoloros e inocuos y el especialista se adaptará a la edad del paciente. Prepara a tu hijo para que no tenga miedo a la visita y colabore, porque así la realización de las pruebas será más sencilla y eficaz. Tampoco te angusties y muestres tu temor porque los niños lo perciben todo, se pondrá nervioso y será más difícil conseguir su colaboración para realizar las pruebas pertinentes.
La información de los padres es muy importante porque indican al especialista lo que han notado en sus hijos: se acerca mucho, cruza los ojos, etc. Los profesores juegan también un papel relevante, pues observan la actitud del niño en el colegio y proporcionan datos sobre su actividad. No te enfades si te dicen que tu hijo tuerce los ojos porque ¡te están ayudando!
Debemos evitar actitudes negativas ante niños con problemas oculares y desterrar frases como “gafitas 4 ojos” que dañan al niño y le hacen rechazar las lentes correctoras. No dudes tampoco al elegir unas gafas de sol; sus ojos también las necesitan porque la luz les molesta tanto como a ti. Acude a una óptica y sigue los consejos del profesional que te atiende.
 

LENTILLAS

Cada vez son más quienes se inclinan por las lentes de contacto para corregir sus problemas de visión. Estos usuarios están encantados con ellas pues evitan llevar gafas y se sienten “mejor” porque nadie sabe que las utilizan. Se calcula que un 3% de la población que necesita corrección óptica usa lentillas por resultarles más cómodas que las gafas.
Los avances de la investigación han permitido que la eficacia de este tipo de prótesis avance enormemente y se adapte a todas las situaciones vitales y problemas oculares. Se pueden llevar en avión, al hacer deporte, en el trabajo ante el ordenador, etc. Las primeras eran rígidas, después se comercializaron las “blandas” y ahora las hay de todo tipo. También ha mejorado su adaptabilidad, pudiendo elegirse entre las de uso diario y las de uso prolongado, siempre bajo la supervisión profesional del óptico.
No obstante, sigue siendo imprescindible el trabajo de los ópticos, pues las lentes de contacto requieren una adaptación previa porque se colocan directamente sobre la córnea. Estos profesionales se encargan de seleccionar el modelo más adecuado para el usuario, la “talla” que el ojo del paciente precisa, la graduación de la lente para alcanzar la mayor agudeza visual, la información precisa para su uso adecuado y el seguimiento de la evolución del ojo tras la adaptación exacta de la lente.
Cuando los usuarios no siguen estas pautas, el mal uso de las lentillas provoca problemas oculares como: queratitis, conjuntivitis, erosiones epiteliales, formación de neovasos en la córnea e infecciones por falta de oxigenación del ojo e higiene de las lentillas.
Los síntomas descritos con mayor frecuencia incluyen sensación de sequedad y arenilla, picor, visión borrosa, disminución de la agudeza visual, dolor al sacar la lente, lagrimeo, fotofobia, irritación y enrojecimiento. Deben ser consultados al óptico, quien valorará la necesidad de remitir al usuario al oftalmólogo para ser tratado del problema concreto.
Los mayores riesgos se centran en el uso de lentes defectuosas y/o caducadas, la falta de higiene y limpieza de lentillas, ojos y párpados, la utilización de líquidos de limpieza en mal estado y la falta de seguimiento de las indicaciones del especialista.
Los consejos para evitar problemas incluyen:
-       Sacarse las lentillas como mínimo una hora antes de acostarse.
-       No ponerlas hasta salir de casa.
-       Evitar usarlas para ducharse o bañarse en el mar o piscinas por el riesgo de perderlas. Jamás en la sauna.
-       Llevar siempre el estuche y líquidos de limpieza para cualquier apuro.
-       Meter en la maleta todo lo necesario para su uso correcto durante los viajes.
-       Lavarse las manos con jabón líquido sin aceites, lociones o fragancias y aclarar bien antes de manipularlas. Secarse con toallas que no dejen pelusas.
-       No usar agua del grifo para su limpieza. Tampoco saliva.
-       Aplicar los líquidos recomendados sin cambiar de mecanismo de limpieza ni reutilizarlos.
-       Lavar adecuadamente el estuche.
-       No reutilizar las desechables.
-       Maquillarse y desmaquillarse sin las lentillas puestas.
-       Consultar cualquier reacción anómala en caso de embarazo o consumo de medicamentos (antihistamínicos, anticonceptivos orales, diuréticos, etc.).
-       Los fumadores deben extremar la limpieza.
-       Retirarlas del ojo al notar la menor molestia al colocarlas por la mañana. Observarla por si la hemos colocado al revés o tiene algún problema.
-       Si hemos pasado mucho tiempo con ellas puestas y hay dolor nocturno al sacarlas, poner lágrima artificial y sacarla cuando el ojo esté bien humectado.
-       Nunca colocar la lente rota aunque sea una rotura pequeña.
-       Al menor síntoma ponerse gafas y, si persiste, acudir al oculista.
Jamás se deben comprar fuera de los establecimientos especializados. Las lentes de contacto adquiridas a través de Internet son completamente inadecuadas. En esos casos, los usuarios no revisan su vista, no siguen los consejos de utilización, no hacen el seguimiento adecuado ni comprueban la graduación.
Recordar también que las lentillas de fantasía (utilizadas para disfraces o en momentos puntuales de fiesta) pueden provocar graves daños oculares. No deben utilizarse sin el asesoramiento de los profesionales.
Carmen Reija López
Óptica Colegiada

LA VISIÓN Y EL ORDENADOR


Los ordenadores forman parte de nuestra vida; no lo podemos evitar. Se han incorporado a nuestro trabajo y a nuestro ocio y los utilizan personas de diferentes edades con distintas necesidades. No tenemos que renunciar a ello. Simplemente ser capaces de usarlos adecuadamente y consultar cualquier problema pues cada día son más los pacientes que presentan síntomas visuales asociados a su utilización.

Los expertos hablan del denominado síndrome visual informático en relación con la problemática que plantea el uso del ordenador durante la jornada laboral. Varios estudios inciden en que un elevado porcentaje de personas padecen fatiga visual debida fundamentalmente al tiempo que pasan ante la pantalla. Como consecuencia, se ha transformado en un problema de salud que causa una reducción en la productividad laboral y un mayor número de consultas al médico.

Se cree que se produce porque el ojo debe hacer un esfuerzo para “trabajar” en estas condiciones y cualquier problema se multiplica. Muchas pequeñas alteraciones refractivas, acomodativas o de alineamiento ocular no causan ningún trastorno en la vida normal, pero cuando se colocan ante el ordenador presentan una serie de síntomas notablemente perjudiciales.

Los pacientes describen, entre otros:

-Picor de ojos sin causa reconocible; incluso comentan que deben tener una alergia porque notan una gran incomodidad. También describen que tienen los ojos llorosos, normalmente como consecuencia de la irritación que provoca la sequedad de la córnea.

-Sensación de ojo seco, que puede ser nuevo o empeorar un síndrome preexistente que ya estaba siendo tratado (o no) por el especialista.

-Intolerancia a las lentillas aunque estaban bien adaptadas y no les habían dado problemas. Comentan que no han cambiado ninguno de sus hábitos pero que su tolerancia se ha reducido, tienen que sacarlas antes, les cuesta ponérselas, no están cómodos, tienen problemas visuales, etc.

-Cansancio o fatiga ocular, como si estuviesen mucho tiempo trabajando cuando ha pasado apenas un rato.

-Visión borrosa de lejos y/o cerca (debida a problemas de refracción o acomodación) y, en ocasiones, también visión doble (por alteraciones en el alineamiento ocular), que habían pasado desapercibidos anteriormente.

-Un aumento de la sensibilidad a la luz, les molestan los destellos, las luces potentes, los faros de los coches, etc.

-Dolor en diferentes localizaciones, sobre todo de cabeza, ojos y cuello. Algunos pacientes se quejan de problemas de espalda, asociados a las posturas forzadas que han de adoptar para poder trabajar.

Es fundamental acudir al especialista si percibes cualquiera de estos síntomas. El más recomendable es el óptico optometrista, con el que puedes comentar lo que te está sucediendo y él decidirá lo que más conviene a tu caso. En función de la situación, podría ser recomendable:

-Quienes padecen de ojo seco suelen presentar sequedad, ojos llorosos y enrojecidos, intolerancia a las lentillas, etc. debido a que reducen su parpadeo porque se centran en la observación de la pantalla. El tema se agudiza cuando la colocación del ordenador es inadecuada debido a que si la ubicación no es central, hemos de modificar el ángulo de visión, lo que altera la humectación ocular.

Mejoraría modificando la posición del ordenador, colocándolo de manera que la parte superior de la pantalla quede por debajo de la altura de los ojos. También suele mejorar con el uso de lágrimas artificiales que deben ser utilizadas siguiendo las indicaciones del especialista.

-Para quienes padecen presbicia (o empiezan a notarla) se recomienda la adaptación de unas gafas adecuadas. Deben graduarse a la distancia de trabajo para que sean perfectas.

-Los miopes de baja graduación no pueden ver la pantalla con nitidez y adoptan posturas extrañas que alteran su sistema musculo-esquelético. A ellos debe indicársele una gafa con una graduación un poco menor que la miopía que padecen para que encuentren comodidad en su visión.

-Los que padecen astigmatismo o hipermetropía sin corregir suelen padecer fatiga visual, dolores de cabeza, enrojecimiento, etc. lo que implica la necesidad de adaptar una gafa con la graduación adecuada para su uso a la distancia de trabajo, aunque no tengan que utilizarla en otros momentos de su vida.

Carmen Reija López

Óptica Colegiada